Cátedra de Judaísmo 2016: hoy acto de clausura.

19/Sep/2016

Cátedra de Judaísmo 2016: hoy acto de clausura.

Shimon Peres (Correo de los Viernes)
En la cátedra de Judaísmo que dirige Nisso Acher, en la Universidad Católica, el ex Presidente Sanguinetti brindó una charla el miércoles por la tarde, trazando una semblanza de la enorme figura de este estadista que recorre la historia de Israel desde sus orígenes. Desgraciadamente, coincidió esa actividad con una fuerte recaída en su salud, que la ha comprometido seriamente, dados sus 93 años.
Nació como Szymon Persky, en una ciudad de Polonia, hoy en Bielorrusia, el 2 de agosto de 1923. Hijo de un hogar acomodado, su padre era industrial maderero; su madre profesora de lengua rusa y bibliotecaria. Un abuelo rabino, que tuvo en él una influencia mayor que la de sus padres, sionistas pero laicos. La familia se instaló en 1935 en Palestina (los abuelos y tíos se quedaron y murieron, quemados vivos adentro de la sinagoga).
Son 70 años de servicio al Estado. Presidente de Israel (2007-2014), con 84 años. Dos veces Primer Ministro (en 1984-1986, en acuerdo con Likud; en 1995-1996, luego del asesinato de Rabin); dos veces Vice Primer Ministro; integró 12 gabinetes; Ministro de Relaciones Exteriores (en cuatro oportunidades), de Transporte y Comunicaciones; de Desarrollo Regional y de Economía en 1980, con particular destaque.
Ben Gurion lo designó director general del Ministerio de Defensa (1952-1959), a los 29 años, y luego siguió hasta 1965 como Vice Ministro y más tarde Ministro en dos periodos. Su vida ha estado asociada, entonces, al Israel militar, desde su primera juventud, cuando integró la Haganá en 1947; su visión contemporánea, en cambio, rescata hoy fundamentalmente al hombre de paz.
Parlamentario toda su vida. Integró la Knesset desde 1959 hasta 2007, por cinco partidos.
En la fundacional Haganá tuvo el encargo de adquirir armamento, que logró en Francia. Estuvo vinculado al Ministerio por 13 largos y fundamentales años. Siguió trabajando con Francia, compró armas, más tarde aviones Mirage —fundamentales en la guerra con Egipto— y armó el proyecto Dimona de desarrollo nuclear, que más tarde tendría la oposición de De Gaulle.
En 1956 trabajó con Francia e Inglaterra en la planificación de la guerra con Egipto por el canal de Suez. Los europeos, dueños del canal, estaban enfrentados a Nasser por su nacionalización. Israel , por su lado, sufría por el paso de barcos, al cerrarse el estrecho de Tirán. Nasser perdió militarmente, pero como EE.UU. y Rusia impusieron una retirada a la coalición franco-británica, quedó ante su gente como triunfador. Israel abrió el pasaje, aunque tuvo que retornar.
Egipto inicialmente acató la paz pero luego volvió a cerrarse el pasaje y en 1967 se desata la llamada “Guerra de los Seis Días”.
En esa guerra fundamental, Israel ocupa Sinaí, Jerusalem Este, Gaza (entonces egipcia), Cisjordania (entonces jordana) y los Altos del Golán (de Siria). Fue estratégicamente decisiva. De ahí emergen el liderazgo de Sharon, que luego llegaría a Primer Ministro y entregaría Gaza después de los Acuerdos de Oslo; Mota Gur, quien liberó Jerusalem Este y Weizman, sobrino del Presidente, por el ataque aéreo que inmovilizó las escuadrillas egipcias. En Camp David se hará luego la paz con Egitpo (1977), se devuelve Sinaí y se forma la fuerza de paz, que allí está desde entonces, con la participación de Uruguay.
Como Ministro de Defensa, le corresponde decidir y planificar la acción en Entebbe, Uganda (1976), Operación Trueno o Jonathan, en homenaje al comandante del comando que resulta muerto en esa liberación de rehenes que pasó a la historia como modelo de intervención relámpago.
Como Ministro de Relaciones Exteriores de Rabin fue el articulador de los Acuerdos de Oslo, con Yaser Arafat, en que se crea la Autoridad Palestina, con Mahmud Abbas como Presidente. Así le llega el Premio Nobel , junto a ellos dos, en 1994. A partir de entonces, su causa será la paz, que en los últimos años desarrollaba desde el Centro Pérez para la Paz.
Su opinión pasa a ser un mojón en todos los debates, no sólo israelíes sino mundiales. Lo hace desde una posición particular, la de un “optimista insatisfecho”, con esa insatisfacción que “ha sido la mayor contribución del judaísmo a la historia de la humanidad”. “A los judíos no les gustaron los Reyes, les gustaron los Profetas, porque éstos se orientaron hacia el futuro. El futuro se puede cambiar, el pasado no”.
Esa visión optimista se vinculaba a la modernidad. “Hoy son la ciencia y el conocimiento los que generan riqueza”. Antes era la tierra y ella conllevaba fronteras y sangre, lucha. Ahora es la ciencia. El caso de Mark Zukerberger, un chico judío de 20 años que hizo una revolución tan grande como la Revolución francesa; no tenía nada salvo su cabeza y generó el Facebook.
Tampoco era pesimista en la profundidad del conflicto con el mundo islámico. El terrorismo es una protesta, decía. Ellos se sienten postergados, humillados, condenados a la pobreza. Se sienten agraviados por Occidente y de ahí que proclaman que nos cortarán la cabeza y volverán al gran Califato que alguna vez tuvieron. Sin embargo, de los 400 millones de árabes en Medio Oriente, los terroristas son 50 o 60 mil. Cuando los jóvenes todos tengan smartphones mirarán el mundo de otro modo; cuando en las regiones pobres haya más trabajo, pensaba que se irían integrando.
Más que de moderados y radicales, Peres piensa que hay que hablar de viejos y jóvenes. “Los sunitas y chiitas son viejos. Producen un gran daño sobre ellos mismos”. “Cuando discriminan a sus mujeres, las condenan a la ignorancia y eso influye sobre la formación de sus hijos”. Sin embargo, ha recordado que “hoy el 60% de los estudiantes son mujeres jóvenes. De modo que hay ya una tendencia al cambio”.
“El problema de verdad es que los árabes están divididos, una parte está con la paz y otra con el terrorismo”. Por eso hubo paz con Egipto y Jordania. Se ha intentado una y otra vez con los palestinos pero se choca con los violentos en Gaza, estimulados desde afuera.
Los países se forman dando o quitando, dijo hace poco. Estados Unidos creció dando, lucharon por otros, apoyaron a otros, construyeron puentes. Europa construyó imperios y guerra, quitó, y se fue achicando.
“Fuimos atacados siete veces por enemigos superiores y ganamos siempre. Pero incluso cuando ganamos dijimos que no queríamos esa victoria, la victoria será la paz, porque las victorias militares son temporales”.
Habló de la resistencia israelí a creer a quienes tantas veces han quebrantado su palabra. En estos casos, dijo, no se puede ser totalmente racional. “Hay solo dos cosas que no pueden hacerse con los ojos abiertos, el amor y la paz. Hay que cerrarlos un poco”.
“Solo tengo un recuerdo. No olvidar el futuro. Todo lo demás es insignificante.
Su único arrepentimiento, ha reconocido, fue “soñar en pequeño”, porque nunca había pensado que, desde que llegó a Palestina, Israel, como Estado independiente, pudiera superar los 6 millones muertos en el Holocausto, donde perdió a su familia.